domingo, 25 de agosto de 2013

A tu salud'

'Apreté las fotografías contra mi pecho. Yo no podía parar de llorar. ¿Por qué había sucedido? ¿Qué estaba haciendo mal? ¿Fue mi personalidad? ¿Quizás la suya? El caso es... Que desde aquel día no volvimos a ser los mismos.
Más de una vez había tirado toda mi ropa encima de la cama y la había empezado a meter en una maleta amenazándole con que no volvería a saber nada de mi nunca más, que ya no sería un estorbo en su vida. Me encantaba ver su cara de acojone cuando pensaba que de verdad iba a desaparecer. Ese era el momento justo en el que me agarraba del brazo, me giraba y me besaba como si no hubiese mañana, como si no existiera nada después de ese beso. Esas eran, para que mentirnos, las mejores noches de sexo. Lento. Despacio. Sin prisa pero sin pausa.
Muchas dirán que fingía, pero lo cierto es que me considero multiorgásmica por su culpa. Por su sonrisa, por su pelo, por sus ojos, por sus hombros, por sus manos, por su ombligo, porque sabía cuando y donde tenía que tocar.
¿Los paseos por el parque? Creo que muchas chicas darían lo que fuera por tener su mano entrelazada con la de él. Era tan perfecto balancear las manos juntos como dos mejores amigos. Me acuerdo de cuando yo, torpe de mi, me tropezaba cada dos por tres y el me agarraba fuerte para que no me cayese. Era maravilloso. Aunque también recuerdo lo que se reía de mi en cada traspiés y cada bofetada suave que se llevó por ello. 
Nos tumbábamos en la hierba al lado de cualquier árbol y mirábamos las nubes como dos tortolitos.
Y así pasaron las estaciones, viendo caer las hojas de los árboles del parque y viendo como volvían a brotar en sus ramas.
Todo iba perfecto hasta que decidí que quería vivir con él bajo el mismo techo.
Al principio todo es como nos lo pintan: Desayunos en la cama, peleas de almohadas, mañanas de compras, él cocina y tú te tumbas en el sofá, os dais la comida el uno al otro, tarde de películas subidita de tono, ducha juntos, cena romántica con verlas y flores y para acabar, una noche de sexo desenfrenado.
Sí, así fue durante un tiempo,hasta que encontró más entretenida la lectura que mis abrazos. Su móvil se volvió su auténtica prioridad.
Aquellas tardes en el parque bajo los árboles, yo le acariciaba la cara mientras veía a los niños jugar a carreras y sonreía después de llevar todo el día con cara de perro. En ese momento, él hablaba por el móvil sin que yo me diese cuenta. 
Nuestro aniversario era aquella noche y no habíamos preparado nada fuera de lo normal, una cena en casa que prepararía él y poco más, realmente, a mi no me hacía falta nada más, tan solo él.
Esa tarde, mientras él se duchaba, encontré en su mochila un pequeño paquete en el que había una nota que decía "Para mi princesa". No pude evitar sonreír y ver que dentro había un reloj de pulsera, un rolex. Sí, el rolex que siempre había querido. Lo deje donde estaba y me cambié de ropa.
Entre vino y champán, aquella noche no podía ir mejor. Me dio el regalo y me emocioné al leer la nota pero, ¿cuál fue mi cara de sorpresa al ver que no estaba ese rolex que yo había visto? Lo sustituía un pintalabios rojo putón. Encima el que más odio. Le miré y el me devolvió una mirada confusa. Aquella noche los bares fueron mis compañeros y el tequila mi mejor amigo, total, solo estaba a dos chupitos de ignorar aquella mierda de noche.
Decidí olvidar y seguir adelante. Salimos a comer. En un bar cercano una camarera a la que yo conocía de trabajar con ella se acercó y nos sirvió aunque a mi no me puso buena cara. Él evitaba mirarla y ella le ponía ojitos. Yo vi aquel rolex que encontré en el paquete. Ahora todo tenía sentido.
Nunca he discutido tanto con una persona. Tampoco he llorado tanto, ni tampoco me habían pegado nunca... Me fui.
Lo peor fueron aquellas semanas viendo sus fotos en mi móvil y ver su instagram lleno de fotos con ella. Sí, después de todo, era yo la que había arriesgado y había perdido.
Me quedan muchos recuerdos empapados en tequila y muchas copas medio vacías que se pueden rellenar.
A tu salud, destino. A tu salud, amor. Gracias por lo que me ha tocado. Algún día se dará cuenta de lo que ha perdido y de lo que ha "ganado"

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